Stanley: de termo de obreros a fenómeno viral en TikTok
Durante más de cien años, Stanley fue una marca para hombres que trabajaban duro. Obreros de construcción, cazadores, camioneros. Verde militar, diseño robusto, sin florituras. Funcionaba tan bien que nadie sentía la necesidad de cambiarla.
Eso estaba a punto de cambiar.
110 años haciendo lo mismo, y bien
William Stanley Jr. patentó en 1913 una botella de doble pared sellada al vacío, construida en acero, diseñada para trabajadores que necesitaban mantener el café caliente durante jornadas largas. La promesa era simple y el público también. Durante más de un siglo, esa promesa se sostuvo sin grandes alteraciones.

En 2019, Stanley generaba alrededor de 73 millones de dólares anuales. Un negocio sólido, estable, sin sorpresas. Nada que sugiriera lo que estaba por venir.
El giro que nadie esperaba
Todo empezó con un blog de mamás. En 2017, un grupo de mujeres detrás de un blog llamado The Buy Guide descubrió el Quencher de Stanley: un vaso de 40 onzas con popote que Stanley prácticamente había dejado de promover. Lo publicaron, sus seguidoras enloquecieron y Stanley agotó existencias.
En 2020 llegó un nuevo presidente de marca, Terence Reilly, quien reposicionó a Stanley alrededor del Quencher apuntando a un público completamente nuevo. Colores llamativos, ediciones limitadas, colaboraciones. El mismo termo de siempre, con una identidad completamente diferente.

El video que lo cambió todo
En noviembre de 2023, una usuaria de TikTok publicó un video de su automóvil completamente incendiado. Entre los escombros, su Stanley seguía intacto, con hielo en su interior. El video alcanzó 96 millones de visualizaciones.
La respuesta de Stanley fue perfecta: el presidente de la marca grabó un video prometiéndole a la usuaria no solo termos nuevos, sino un auto nuevo. En un momento, Stanley dejó de ser una marca y se convirtió en una historia.

El resultado
Entre 2019 y 2023, los ingresos de Stanley se multiplicaron por diez, acercándose a los mil millones de dólares. De termo de obrero a objeto de culto de la Generación Z, sin cambiar lo que siempre lo hizo grande: la calidad.
